Imagina que al terminar de leer este artículo tienes algo de hambre y te vas a la taquería más cercana y te comes una docena de tacos (¡Dios te guarde!). Después de salir de la taqueria te vas a tu casa y al llegar tu mamá, o tu esposa, ha preparado una deliciosa comida. Te invitan a sentarte a la mesa y te preguntan si quieres comer. La realidad es que por más rica que se vea la comida, tu no vas a tener hambre, porque ya estas lleno. Tal vez comas por cortesía, para no ofender susceptibilidades, pero realmente no tendrás hambre.
Lo mismo se aplica a nuestra hambre espiritual. Hay muchos que no tienen hambre de Dios porque ya están “llenos”. Se han llenado de lo que el mundo ha puesto delante de ellos.
Así como Dios adereza mesa delante de nosotros en presencia de nuestros angustiadores, el enemigo tratando de ser un remedo de Dios pondrá mesa delante de nosotros, ofreciéndonos sustitutos a lo que Dios nos quiere dar, pseudo alimentos que realmente no sacian ni nutren.
Cuando estamos comiendo lo que el enemigo pone delante de nosotros, cayendo en todo tipo de tentación, no habrá hambre por Dios. “No podemos participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios”, dice el apóstol Pablo.
Si ya participamos de la mesa del enemigo, en la mesa del Señor seremos apáticos. La apatía es una de las características de las personas que no tienen hambre por Dios. Otra palabra para la apatía es “Tibio”. Si hay algo que al Señor no le agrada es la tibieza. El mensaje a la iglesia Laodicea en Apocalipsis fue que no eran ni fríos ni calientes sino tibios y esto desagradaba a Dios, pero luego nos dice porque eran tibios: “dices soy rico, me he enriquecido y no me hace falta nada” Apoc. 3:17 Los de Laodicea pensaban que no les hacía falta nada, se sentían “satisfechos”, estaban “llenos” de lo que el enemigo les ofrecía y por eso eran tibios, eran apáticos, no tenían hambre de Dios.
Que importante es desarrollar hambre por Dios, y esta viene por rechazar el pecado y reconocer que solo Dios puede saciar verdaderamente nuestra necesidad.
Te reto a que por algun tiempo dejes de hacer y tomar todo lo que el mundo te ofrece por ejemplo, deja de ver algunos dias la Television aunque cuides lo que ves y me digas que solo ves televicion cultural, no importa, deja de verla, guardala algunos dias.
Curiosamente, cuando hacemos esto nuestra hambre por Dios se desarrolla y cosas maravillosas suceden.
¿Tienes hambre por Dios?, ¿Te sientes débil y desesperado por su presencia?
Si no es así, tal vez necesites dejar de comer lo que el enemigo pone diariamente delante de ti.
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